"Siempre hay un poco de locura en el amor, pero siempre hay un poco de razón en la locura." Friedrich Nietzsche
"No importa lo rápido que viaje la luz, siempre se encuentra con que la oscuridad ha llegado antes y la está esperando." Terry Pratchett
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 55 seg)
Un murmullo me despierta. Abro los ojos. Hubiera dado igual mantenerlos cerrados ya que la oscuridad es demasiado densa.
Me incorporo. No se donde estoy. Siento frío sobre mi piel, no tardo en descubrir que estoy casi desnudo. Noto la dureza de la piedra bajo mis pies descalzos. Doy unos tímidos pasos mientras tanteo con las manos, necesito saber qué me rodea. Topo con algo... un olor amargo me inunda las fosas nasales, noto una corriente de aire caliente en la cara, al menos es un cambio, incluso puedo distinguir un brillo a escasos centímetros de mí.
Dolor. Intenso y repentino. Un golpe estalla en mi pecho. Me hace recular varios pasos.
Escucho un gruñido donde intuyo estaba segundos antes, tengo miedo de un segundo golpe así que salto hacia atrás, tropiezo y caigo. Intento rodar sobre mi espalda para, con el impulso, girar y quedar de pie. Lo consigo a duras penas. Paso la mano por el pecho, allí donde siento un dolor sordo palpitar, y noto el tacto pegajoso de la sangre. La adrenalina me insensibiliza y me impide notar los pequeños regueros de sangre bajar por mi abdomen, pero mis dedos descubren que la sangre está bajando más allá de la cintura. Unos pesados pasos de "algo" acercándose me hacen reaccionar. Intento caminar hacia atrás, huyendo de la fuente de los sonidos.
Otros pasos, más rápidos, me avisan demasiado tarde de que hay otro "algo" detrás mía. Estoy desconcertado. No se donde estoy, ni qué me rodea, ni cuantos... unos afilados dientes hacen presa en mi pierna derecha, la sacudo para quitarme ese lo-que-sea de encima... un agudo dolor me recorre el cuerpo. Siento la necesidad de arrodillarme y llorar. Me obligo a seguir en pie aunque el dolor me esté matando. En unos minutos me volveré a cuestionar y más me vale haber encontrado algún motivo para seguir luchando. O me sobrarán las razones para dejar de hacerlo. Los pasos ajenos han parado, renqueo hacia atrás, sufriendo lo indecible en cada movimiento, hasta que puedo apoyar la espalda en una pared. Respiro profundamente y exploro la nueva herida, justo entre la rodilla y el tobillo, allí donde debería haber una suave protuberancia del músculo sólo hay girones de carne y ríos de sangre. Ahora apenas duele, pero la experiencia me dice que luego será mucho peor.
Me muerdo el labio hasta notar un sabor metálico en la boca, ambas heridas escuecen, y no paran de sangrar, mis dedos están pegajosos, y noto que voy perdiendo fuerzas. Me cuesta hasta cerrar el puño. No se si podré devolver algún golpe. Mi lobo interno gime dolorido. Noto la boca seca. Necesito agua. No llego a comprender que coño hago aquí. No dejo de preguntarme por qué... ¿por qué? casi como si fueran unas palabras mágicas que me van a hacer volver a un mundo donde haya luz. Luz. La echo de menos. No ver me está volviendo loco. Más loco. Me apetece una luz blanca, o amarilla. Pierdo el sentido de la orientación. Una luz blanquecina, los primeros rayos del sol abriéndose camino en la montaña en una fría mañana de invierno. Locura. Oscuridad. Motivos que no lo son. Heridas. Estoy perdiendo mucha sangre.
Sonrío. Hace tiempo estiraron tanto mi cordura que se rompió, y descubrí que morir es sumamente fácil y que a lo que hay que tener miedo es a vivir. Escucho de nuevo los pesados pasos que no presagian alegría precisamente. Me pongo en tensión, cada músculo, cada fibra de mi ser, sin perder la sonrisa, para esto hemos nacido. Encojo el cuerpo para recibir otro impacto....

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